La Enfermedad de Parkinson

La Enfermedad de Parkinson (EP) es una enfermedad neurodegenerativa descrita por primera vez en 1817 por James Parkinson. Es la tercera enfermedad neurodegenerativa más común después de la Enfermedad de Alzheimer y se caracteriza por ser un trastorno de movimiento de tipo extrapiramidal. Las principales manifestaciones clínicas son el temblor de reposo, la acinesia, la rigidez y la bradicinesia, aunque también puede presentar otras manifestaciones como inestabilidad postural, marcha festinante, trastornos autonómicos y deterioro cognitivo.

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Además del parkinsonismo primario, que incluye la forma esporádica y familiar de la EP, existen varios síndromes clínicos, clasificados como secundarios, que pueden manifestarse con parkinsonismo. Entre ellos se encuentran los síndromes de Parkinsonismo Plus, cuya progresión es más rápida y presenta una clínica diferente a la EP.

Las estructuras cerebrales afectadas en la EP son el tallo cerebral y los Ganglios Basales (GGBB), en concreto, la sustancia negra (SN), locus coeruleus (LC), cuerpo estriado (CE), globo pálido (GP), núcleo subtalámico (NST), tálamo (T) y, sobre todo, la vía nigro-estriada (NE). Este conjunto de estructuras están interconectadas y su conexiones incluyen la corteza cerebral, otros núcleos subcorticales y núcleos del tallo cerebral. Además, en este circuito participan los sistemas de neurotrasmisores dopaminérgico, colinérgico, GABA-érgico y glutamatérgico.

En lo referente al plano cognitivo, los déficits cognitivos en la EP oscilan entre el 36 % en el momento del diagnóstico y el 93 % en estadios más avanzados de la enfermedad (Foltynie et al., 2004), con un mayor riesgo de desarrollar demencia por la EP. Existe evidencia de una gran heterogeneidad en los dominios cognitivos afectados por Deterioro Cognitivo Leve (DCL), incluidas las deficiencias en el funcionamiento ejecutivo (FE), de memoria y visuoespacial (Aarsland et al., 2010; Costa et al., 2018; Foo et al., 2017; Goldman et al., 2013), alteraciones de memoria verbal y visual (Bezdicek et al., 2019; Foo et al., 2017), así como  de atención y lenguaje (Farina et al., 2000; Zgaljardic et al., 2006). Las deficiencias ejecutivas relacionadas con la EP se asocian comúnmente con un deterioro en la integridad funcional de los circuitos neurales que conectan los ganglios basales con las regiones corticales frontales, incluido el circuito prefrontal dorsolateral y el circuito cingulado anterior (Zgaljardic et al., 2006)